martes, 7 de septiembre de 2010

EL CORRAL CONCEJO Y LA PLAZA MAYOR DE TALAYUELA

El Corral del Concejo iluminado por un potente foco, desde un mástil subido, ponían, estas noches de agosto, unas imágenes deslumbrantes que ofrecían a la vista una estética borrachera de los sentidos. La luz, desde lo alto de ese mástil, como si fuera una luna que lo iluminara, hacia surgir los sueños de una forma de vida que ya se nos ha ido para siempre pero cuyos valores viven arraigados dentro de nosotros y es por lo que nos continua siempre emocionando ese espacio. El Corral del Concejo iluminado, entre las sombras del Malagón, en esas noches de agosto, nos invitaba a ir mas allá de la realidad de sus formas; nos cogía de la mano para llevarnos a su centro, que es el lugar donde comienzan los sueños y viven las hadas. La magia que desprende el Corral del Concejo nos invitaba a ir mas allá de lo que ve la mirada allí. La seducción es tal, que la imaginación va ganando el terreno, poco a poco, a la cordura de la mente. Allí, en aquel Corral, por los pliegues que formaban la luz y las sombras, cerca del fresno del Malagón, se escapaba el agradecimiento al Ayuntamiento de Talayuela que había hecho posible la recuperación del abandono en que había caído.

Pero había también otras horas de la noche en las que no se podían utilizar esas mismas palabras usadas para el Corral del Concejo y describir con ellas el espacio que nos cobijaba. Allí los elementos parecían estar aislados unos de otros, aun siendo bellos en si mismo, no daban la misma sensación de armonía que el entorno del Corral del Concejo: se trataba de la Plaza de la Iglesia, de la plaza del Ayuntamiento, de la Plaza Real, porque todos esos nombres recibe.

Esta Plaza de la que hablo, es, querámoslo o no, la Plaza Mayor de Talayuela. Seguramente que todos hubiésemos deseado otra, seguramente que no estamos de acuerdo en como es ahora, ni en como ha sido tratada a lo largo de su vida, pero es nuestra Plaza, aquella desde la que se pregonan las cosas más importantes que afectan a todos los que vivimos en Talayuela. Es la Plaza, también, en la que, por una razón o por otra, tenemos que pasar muchas veces y asistir a actos importantes para todos. Así, pequeña para los habitantes que somos ahora, es el testigo silencioso de la aldea que fuimos un día.

En esta plaza hay muchos elementos que sobran en ella y la entorpecen. ¿Que hace allí ese antiestético manojo de cables que, por el aire atraviesa la Plaza, desde la esquina de la Iglesia a la esquina del Ayuntamiento, le cruza por su fachada principal debajo de sus balcones y se escapa por la calle Cardenal Cisneros? ¿Qué hace, en aquel espacio de Plaza Mayor, la base de una fuente, que no lo es, cubierta con césped artificial, poniendo a la vista de todos los que vamos al Ayuntamiento que ni siquiera se concede la gratuidad del agua que alimente unas plantas con flores y césped natural? ¿Qué hace, en la esquina de esa Plaza, una cabina de Teléfonos que, en color azul, contrasta con el blanco del Ayuntamiento, sin intimidad para el que habla y que nos hace participes de la conversación a los que estamos allí sentados, como si fuera una sainete de Teatro? ¿Qué hacen unos bancos de hierros mal colocados, unos mirando hacia la carretera y otros a la base de la fuente sin agua? ¿Y esos coches que pasan por la estrechísima calle del Cardenal Cisneros, en ambas direcciones además, que tienes la sensación de que el espejo retrovisor te va a arañar la espalda al estar allí sentado y el ruido del motor, con el trasiego que hay, se te mete en la cabeza ya para toda la noche? ¿Y esos otros coches aparcados delante de la puerta de la Iglesia, el edificio más antiguo de Talayuela, que estropean la vista de todo el que pase por allí, de día o de noche?

La Plaza Mayor no ha sido bien cuidada, es verdad, y no se han sacado todas las posibilidades estéticas que tiene en sí misma. Si al hacerse la última reforma en el Ayuntamiento hubieran tenido en cuenta el entorno en el que estaba creo que se hubiera ganado más en belleza. Se podría haber hecho unos soportales en los bajos del Ayuntamiento – con los arcos adintelados de las antiguas entradas a los patios de las casas, que se ven en las fotografías antiguas de Talayuela- desde la línea de la esquina de la Casa de los Vizcaíno hasta la calle Cardenal Cisneros, y se habría dado más sensación de amplitud. Al fin y al cabo, en la reforma, para unir en las traseras del Ayuntamiento, la carpintería del señor Antonio, se comieron una calle cuyo espacio se podría haber dejado adelante y bien empleado estaría la perdida de ese espacio público. El Balcón del Ayuntamiento, desde el que Talayuela se asoma a la Plaza, desde el que se hacen los actos más importantes, debería haber sido todo un balcón que uniera las dos ventanas laterales y cuando se saliera a el, para decir las cosas importantes, habría más amplitud. Si se hubiera construido esa balconada, con modelos antiguos de casas de Talayuela – piedra y madera-, se habría ganado mucho en estética permanente de la plaza.

Que los técnicos se tomen en serio el diseño del arreglo de esta plaza, que es, querámoslo o no, la Plaza Mayor de Talayuela. Que se prohíba aparcar en toda la plaza, que se ubique la cabina en otro lugar; que se corten al trafico las dos calles laterales; que se unifique el pavimento de toda la plaza; QUE PONGAN UNA FUENTE DE PIEDRA CON AGUA, en Sorihuela hay buenos canteros; que delimiten todo el espacio con setos de alibrustre desde la esquina del antiguo cuartel, inicio de la calle Cisneros, por toda la acera hasta la esquina de la Iglesia con entradas peatonales; que la decoración vegetal sea de árboles bajos y déjese todo ese espacio para el disfrute de la gente y los actos oficiales. Que se entierre ese manojo de cables…Son ideas que dejo escritas por si alguna vale y si no, no se haga caso a este escrito

Ojala algún día comenzáramos otro artículo en este blog, diciendo: nunca fue más hermosa esta Plaza que cuando el Ayuntamiento la cuidó y la reformó…

lunes, 23 de agosto de 2010

SE ACABARON LAS VACACIONES DE ESTE VERANO DE DOS MIL DIEZ....

Se acabaron las vacaciones del verano de este año de dos mil diez. Aquellos días de agosto que parecían ser eternos al comenzar el mes, se fueron tan rápidamente como breve es el gesto de romper la hoja del mes en el calendario. En cuanto pasó el día quince de agosto, los días ya vinieron a ser nublados y cuando, tras esos días, apareció otra vez el sol, su luz, reflejada en las paredes, nos decía que ya no era la luz de los primeros días de agosto, que algo de otoño tenia ya aquel resplandor.

A pesar de ser verdad el primer renglón de este escrito, sobre la brevedad de los días de vacaciones, también es verdad que han sucedido muchas cosas y muy interesante casi todas. El que sean interesantes no quiere decir que no sean dolorosas: la despedida a Bene y Mari Cruz lo fue en los dos sentidos de dolorosa e interesante. El preparar la despedida, y la misma despedida, ha llenado casi la mayoría de estos días.

Tambien la presentación del libro “Los Cuadros que llegaron a Talayuela”. Ahí solo caben palabras de agradecimiento a todos los que participaron; a los de arriba del escenario y a los de abajo, del patio de butacas. La opinión de todos con los que me he encontrado estos días, y lo digo consciente de que yo solo coordine, con lo que el merito del acto no es mió, es que fue un acto con mucho nivel en todos los sentidos. Desde aquí agradeceros nuevamente a todos los que de una u otra manera participasteis.

En unas vacaciones no faltan las comidas o las cenas y también las ha habido estos días. Como no recordar la cena en un jardín, de amigos “recién estrenados” pero que toda la conversación, hasta altas horas de la madrugada, estaba preñada de futuro, de proyectos, de sueños, de conversaciones compartidas con la ilusión en la mirada. De miedos que nos paralizan, de dolores pasados pero que aun pesan y que fluían solos al abrirse el alma. Pero sobre todo se habló de futuro, de ilusiones recién estrenadas, de proyectos que aun han de ser madurados. Se habló de Talayuela, de ese espacio en el mundo donde se trabaja, se sufre y se ama. Era la cena que recrea y enamora, como dice el místico san Juan de la Cruz; se habló de amor y de desamor, que también es una forma de amar; se habló y de todo eso se habló en ella: ¡tenemos tantas cosas que contar!…me atreví a decir en aquella cena. Era como si alguien, sin saber quien, nos había reunido aquella noche y todos queríamos aportar, proyectar, perfilar… Somos titiriteros de la palabra, decía otro, titiriteros de los gestos, de la imagen, de las leyendas que anidan en lo mas profundo de las personas…somos cuentacuentos… solo somos nosotros y una copa entre las manos que nos hace hablar mas sin miedos que el muro que no derriba el propio agua al beberla.
Otras cenas solo vinieron a certificar que el tiempo es un corrosivo nuclear y que amistades, que un día fueron de las más profundas, hoy ya son tan someras que nada dicen ni aportan.

Las conversaciones al sereno de la noche evitando el calor del interior de las casas y buscando la brisa de las calles. Aquella plaza del Ayuntamiento que tantas mejoras necesita y una fuente que refresque tanto cemento a su alrededor. Y verde que separe la carretera del espacio de la plaza y envuelva la misma plaza, el Ayuntamiento y la Iglesia. Con lo bien que ha quedado el Corral del Concejo, los vecinos tendremos que insistir para que se arregle esta Plaza Real. Me propongo presentar un proyecto que sea modificado por todos…

El paseo por las calles de Talayuela que sugerían tantos proyectos de todo tipo; las conversaciones, con una cerveza en el bar, sobre como estaban las calles antes y sobre comportamientos en los que la misma realidad superaba a la ficcion …han sido breves los días y también muy intensos en emociones.

miércoles, 28 de julio de 2010

DESDE TALAYUELA A MANAGUA...

El camino no es solo la distancia que existe entre un lugar y otro, aunque también lo es, pero ese camino solo es imagen y modelo del verdadero CAMINO, que es ese viaje espiritual, interior, que hacemos hacia dentro de nosotros mismos. Desde los aledaños de nosotros vamos dando vueltas hasta poner el primer pies, en ese viaje iniciático, en el que son necesarios muchos pasos y no siempre hacia delante, en una misma dirección. Ese viaje tiene mucho de tanteo, de prisas por llegar, de caídas, de sentarse, de contemplar todo lo que nos va sucediendo en el camino, de descanso y de disfrute también. Kavafis, en su viaje a Itaca, decía que la recompensa del camino no es la etapa final sino que, la verdadera recompensa, es lo que te va sucediendo al hacer el camino mismo.

Bene y Mari Cruz, van a hacer estos días un camino que, no es solo la distancia de Extremadura a Managua, es, creo yo, otro camino en el que van a bucear en su interior para saber sus posibilidades y carencias, su resistencia, a las respuestas que el camino físico les va a presentar. Ellas, al menos Bene sí, que es una gran andarina y ha sabido captar la sensación de caminar, a través de valles y montañas, de chopos y álamos, están entrenadas físicamente para ese otro viaje. Y saben, como sabía el poeta que la verdadera riqueza del camino la encontraran cuando después de la admiración por lo que se vaya viendo sean capaces de formularse, una a otra y con los demás, la experiencia interior que eso les provoca y sepan diferenciar lo importante de lo esencial:
Yo voy cantando, viajero a lo largo del sendero...
No obstante el camino tiene una parte, también de soledad. No importa que a nuestro lado vayan dos personas, tres, una multitud… el camino tiene un componente de soledad para dar paso al Otro, para que hable susurrando, o para ver su presencia en la ausencia. Poner palabra a todo eso es la experiencia de los místicos, la de aquellos que no solo “pasaron” por el camino, sino que hicieron el camino.
El camino tiene mucho de novedoso, de perderse, de ocultarse…
Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

Marchad a Managua caminando, buscando un destino en el que nada esta hecho, ni dicho. Haced lo que vayáis intuyendo en cada momento, dad respuesta a lo que se os vaya presentando en el camino, pero caminad, no dejéis de avanzar serenamente: el pasado no nos debe obsesionar y el futuro no es nuestro. El camino de hoy, de ahora, es lo que realmente importa.

Muchos estaremos cerca de vosotras, pendiente de vosotras, pero solo somos estela en la mar, espuma y agua; aunque parezca tan frágil cosa es la única pista que os podemos dar como ayuda en vuestro particular viaje desde Extremadura a Nicaragua.

CANCIONES DE TRILLA EN TALAYUELA.

Desde siempre las personas hemos cantado tanto para expresar lo que sentimos como para acompañarnos en el trabajo que realizamos. Los cantos vienen determinados por el ritmo del trabajo que estemos haciendo. Hay canciones de ronda, de quintos, de labranza… que tienen su propio ritmo; hay, también, canciones de trilla, bellos en la misma monotonía del canto que acompaña al trillo dando lentas vueltas y más vueltas sobre la parva de trigo.

Era justamente ahora, en este tiempo, cuando en las Eras de Talayuela se hacían parvas de trigo, de unos y otros vecinos, que había que trillar. En ese trabajo no faltaba el montón de gavillas, la parva, el animal, el trillo, las horcas, el barril entre las gavillas, hombres con sombreros de paja y pañuelo al cuello para que no les entrara el picor del polvillo que se levantaban; mujeres con sombrero de amplias alas, pañuelos que las cubría la cabeza y el cuello, mangas largas en los brazos – no estaba de moda el moreno-; niños que se subían al trillo con el hermano mayor o con la persona que trillara. No era solamente un juego para los niños sino que al llevar mas peso el trillo mas se rompía la espiga con los dientes de pedernal del propio trillo. De vez en cuando, los hombres o mujeres, revolvían la parva con sus horcas para que la trillada fuera uniforme.

Y entonces, de ese ritmo lento del trillo, girando una y otra vez, salían las canciones de trilla, monótonas en su rimo, en la fatiga, en el calor, en el paso lento del animal que tiraba del trillo. Solo un ¡arre, mula! con el que se quería espabilar al animal y romper ese ritmo cansino en el que, después de dos vueltas mas, volvían a caer tanto el animal como el hombre.

He compuesto este poema pensando en ese rito monótono de canción de trilla y de fondo, que también se hacia con canciones de otros trabajos, está la intención de alabar a la Trinidad y a la mujer con la que se había casado que, fácilmente, estaría muy cerca removiendo la parva con la horca. Palabras con sentido propio y otras con doble sentido, era cantadas como expresión del amor del hombre por la mujer.


Vamos todos a las Eras
a comenzar la jornada,
extenderemos el trigo,
formando redonda parva.

Engancharemos la mula
que tiren fuerte del trillo.
mujeres, coged las horcas,
al trillo subid los niños.

Cuando ya el sol ha salido
comenzamos a trillar
y mientras cantando vamos
loas a la Trinidad.

La primera vuelta dada
por Dios que es Trino y es Uno.
Amores habrás tenido,
más como el mío ninguno.

La segunda a Jesucristo,
Dios y hombre verdaderos.
Dos naturalezas juntas
cuando tú y yo nos casemos.

Tercera vuelta volando,
paloma, Espíritu Santo.
de tanto que te he querido
tu vientre se esta abultando.

Gloria al Espíritu Santo.
gloria al Padre, gloria al Hijo.
Mi mujer se llama Gloria,
Inés y Miguel, mis hijos.

Hombres, aventad la parva.
Quitad la paja del trigo.
Que nunca nos olvidamos
de la palabra que dimos.

Este poema que canto,
es una canción de trilla.
La cantan por Talayuela,
cuando el trillo gira y gira.




domingo, 25 de julio de 2010

AL ACERCARSE LA FIESTA DE LA VIRGEN DE AGOSTO, PATRONA DE TALAYUELA...

Al acercarse la fiesta de la Virgen de Agosto, patrona de Talayuela, no me resisto a copiar un largo poema, ampliamente descriptivo, y de un gran valor documental, que sobre como se celebraban estas fiestas escribió, como él mismo se definía:

Y con esto se despide/ este humilde ciudadano/ que es Medialdea de apellido/ y de nombre Feliciano.


RECUERDOS DE LA FIESTA GRANDE DEL PUEBLO DE TALAYUELA (l)


La primera aportación,
de aquellos años mezquinos,
que se hacia para la fiesta
era cortar unos pinos.

Que con el permiso
de toda la Autoridad,
se autorizaba a unos mozos
que lo fueran a cortar.

Se cortaban cuatro o seis,
al pueblo se los traía
y a los dos mas derechitos
en la plaza se ponían.

Para su gran diversión,
el más pequeño en la vieja
y el mas grande se ponía
en la otra plaza nueva.

En la gran copa redonda
que a los pinos se dejaba,
se colocaban cerezas
por ver quien las alcanzaba.

No se concedían premios
porque dinero no había,
pero las cerezas eran
para los que las cogían.

El conseguir las cerezas
costaba mucho trabajo,
ya que los pinos de entonces
estaban recién pelados.

Hasta los seis u ocho metros
varios había que subir,
pero aquel día las cerezas
ninguno las conseguía.

Era un precioso deporte
de emoción y de alegría
que no costaba una perra
y el pueblo se divertía.

Y así pasaba la fiesta
de San Juan y de su día,
que a veces el 29
el pueblo la repetía.

Y los pinos como adorno
a veces se los tenía,
si no lo recuerdo mal,
hasta quince o veinte días.

….

Que era dinero sagrado
para la ayuda del toro,
por eso se lo estimaba
como divino tesoro.

La cantidad que faltaba
de la venta de los pinos,
se sacaba a voluntad
de entre todos los vecinos.

Y efectuada la compra,
fuera en el sitio que fuera
se cantaba aquella noche,
en el pueblo La Torera.

Que era el anuncio primero
que al pueblo se dirigía
en señal que ya había toro
con cantos de torería.

Y al otro día siguiente
la gente joven y vieja,
solo del toro se hablaba
en el pueblo y en las Eras.


......

miércoles, 14 de julio de 2010

LA SELECCION ESPAÑOLA DE FUTBOOL...


La Selección Española de Fútbol ha sido capaz de sacar un sentimiento que parecía estaba dormido, o que estaba reprimido por causa de no se qué mediocres que han alentado su dormicion. La Selección ha sacado fuera de nosotros el orgullo de ser español y de sentirnos que pertenecemos a un territorio que nos une. Ese territorio tiene un símbolo que es la bandera y ha sido puesta, para ser vista por todos, en balcones y ventanas de personas que son afines a un partido político o a otro distinto. La bandera española ha sido rescatada de un solo pensamiento para ser, sin sonrojarse por exhibirla, símbolo de un país, que es lo que ha sido siempre, se sea de un lado o de otro.

Los símbolos se encuentran fuera del control de aprecio o menosprecio que se quiere ejercer sobre ellos. Si el pueblo los acepta como tal pasan a formar parte de su universo cultural y de expresión. Lo mismo pasó con la Copla, la quisieron convertir en la expresión de un pensamiento único, de una forma de pensar. Quisieron hacerla baluarte de ese pensamiento y fue el pueblo, posteriormente, quien la colocó en su lugar, como ahora ha hecho con la bandera. En este tiempo no hay artista, que no ceje en su empeño de serlo, que no cante una copla. La copla hace ya tiempo y la bandera ahora, como decia un periódico, ha salido del armario, y de los bazares chinos, y se ha colocado visiblemente en todos los balcones y ventanas.

“Si en el firmamento poder yo tuviera,
esta noche negra lo mismo que un pozo.
Con un cuchillito de luna, lunera,
cortara los hieros de tu calabozo.
Si yo fuera reina de la luz del Día,
del viento y del mar.
Cordeles de esclava yo me ceñiría,
por tu libertad.”

La copla ha aderezado la vida de la mayoría de los españoles que hicieron de ella el cauce por el que vertieron un sentimiento popular que habían hecho culto los poetas como García Lorca, entre otros. Era la voz del pueblo llamo que expresaba en ella todos los sentimientos que rodeaban su vida sumergidas en una marabunta de vivencias soterradas, de comportamientos, de deseos, de ilusiones que hacían mas llevadera aquella vida de entonces. Sentimientos expresados a ritmo de lágrimas y risas, con palmas o simple sonidos sobre una madera, o una caña, que hacían salir, mezclados con los compases, las vivencias que el creador había puesto en esa letra que ahora hacia suya quien la cantaba.

Esa obra de teatro culta, que el poeta desarrollaba en tres actos, la expresaba la copla en tres minutos y debían, por lo tanto, ser precisos sus versos para que explicaran el drama, o la alegría, que quería transmitir. El artista la acariciaba, la poseía y la cantaba en los teatros, en las fiestas de los pueblos, y, desde entonces, ya los patios de vecinas, las córralas, el barrer la puerta, el hacer cualquier faena del campo, de casa se hacia a ritmo de copla que salía por la ventana abierta a la calle: En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirar. Francisco Alegre y ¡ole! Francisco Alegre y ¡ola!, La gente dice: vivan los hombres, cuando lo ven torear. Yo estoy rezando por el con la boquita cerra. Hasta los niños éramos capaces de dormirnos en los brazos de nuestra madre, con el traqueteo de la silla – atrás, adelante sobre las patas- y una copla cantada en nuestros mismos oídos. La copla pasaba, entonces, a expresar los sentimientos del pueblo.

La copla sumerge en un mundo que apenas tiene nada que ver con el que se vive; mejor dicho, en este mundo que se vive con unas reglas concretas de comportamiento, la copla canta otras bien distintas. Se convierten en la formas de poner de manifiesto lo otro que no es aceptado: ...Apoyá en el quicio de la mancebía, miraba encenderse la noche de mayo. A clavel y a nardo el aire me olía, cuando tú a mi puerta paraste el caballo…Una prostituta que no quiere cobrar los favores que ha ofrecido a un cliente, ni siquiera aunque lo empleara para comprarse un vestido…serrana, para un vestido yo te quiero regalar. Yo le dije estas cumplio, no me tienes que dar ná…La copla saca a la luz lo que es distinto, lo reviste casi de heroísmo y lo iguala, si acaso no lo supera, a lo que es normal, y es presentado como heroico: Vives con unas y otras y na se te importa de mi soledad, sabes que tienes un hijo y ni el apellido le vienes a dar, llorando junto a la cuna me dan las claras del día, mi niño no tiene padre que pena de suerte mía…

La copla se la adjudicó a un tiempo concreto de nuestro pasado y nada era más subversivo que ella misma para ese tiempo. Los comportamientos son llevados al límite es las personas que viven la tragedia de una copla y que en nada podía compararse al inmovilismo de su época:… Llévame por calles de hiel y amargura, pónme ligaduras y hasta escúpeme, échame en los ojos un puñao de arena, matame de pena, pero quiereme..

La copla es reflejo de un mundo concreto, son fotografías de sentimientos, radiografías de comportamientos, como siempre ha sido todo lo que el pueblo ha cantado ligado a sus quehaceres: canciones de trilla, de segadores, de labradores, de quintos…se quería reflejar el mundo que se vivía. Ahora toca reflejar otro mundo en las canciones y aunque se recurra al pasado, siempre debe ser para expresar comportamientos actuales, pues se corre el peligro de repetir formas de ser que ya nada dicen a las personas de hoy.

Hay sentimientos, experiencias, vivencias, que solo podemos expresar mediante símbolos y, siempre, los agarra el pueblo para expresarse con ellos. Puede que en algun momento dejen de estar presentes esos símbolos por no se qué cuestiones, pero a la menor oportunidad ,el pueblo, los vuelve a tomar como suyos y los coloca en su sitio, le pese a quien le pese.

lunes, 12 de julio de 2010

CERRADO POR VACACIONES...


Cerrado por vacaciones. Muchos lugares de compra o venta aparecen con este cartel y en estos meses de julio-agosto. Se cierra porque se van a dedicar estos días al descanso, o a otro trabajo distinto pero que en definitiva es cambiar de trabajo y por lo tanto descansar del que se hace en la normalidad de los días.

Esta página de Talayuela, tal como somos, también cuelga el cartel de “Cerrado por vacaciones” porque vamos a descansar y también porque estos días vamos a trabajar en otro trabajo distinto o, tal vez, sea el mismo: trabajar con las letras.

Alrededor de las fiestas de agosto, aún sin cerrar el día exacto, se presentara el libro de LOS CUADROS QUE LLEGARON A TALAYUELA. Es un libro que hace tiempo terminé, ahora voy a publicar y presentar en la Casa de la Cultura, de Talayuela. Todos vosotros que habéis seguido esta página tenéis una invitación especial y os dedico alguna de las páginas de ese libro:
Los cuadros que llegaron a Talayuela.

Este es el título definitivo con el que se ha quedado este libro, después de tener alguno más, y te escribo sobre él. En la familia Gómez-Encabo, de Talayuela existe una certeza de que en la habitación de una de las hijas del matrimonio de Manuel y María, estaban colgados unos cuadros en lienzos que adornaban la habitación. La hija de este matrimonio, recuerda ahora, que estaban firmados por Velázquez. Este dato de unos cuadros de Velázquez en Talayuela me ha servido de base para formar la arquitectura del libro.

El diccionario de Julio Casares dice que se llama cuadro a cada una de las partes en que se dividen los actos de ciertas obras de teatro. Este sentido también está explícito en el título de este libro. Así como los actores dan vida a los personajes que representan en esos cuadros y que expresan comportamientos colectivos o individuales, así también hay en el libro “cuadros- relatos” que en su núcleo han sucedido en Talayuela y expresan una forma de ser de las persona que hoy habitamos estas tierras. En cualquier caso, estoy seguro que los comportamientos de los personajes de esos relatos, no son extraños a la condición humana.