lunes, 13 de febrero de 2012

LOS CULTIVADORES ENCERRADOS...

El día había amanecido blanco por la helada que había posado sobre el suelo el frío de la noche anterior. El cielo era de un azul purísimo sin mancha alguna de nube sobre él. El sol reinaba sobre el cielo, al que recorría sin ningún obstáculo, y sobre la tierra, a la que liberaba de la helada con sus rayos de sol. Acabábamos de llegar del cementerio, de dejarnos enterrados un poco cada uno de nosotros, y se nos dio la noticia de que unos tabaqueros se iban a encerrar en la Casa de la Cultura de Talayuela.


El nudo gordiano del problema es que seiscientas familias han producido, en la cosecha del dos mil once, cinco millones de kilos de tabaco que contrataron con la empresa Mella que, ahora, no quiere recoger a los cultivadores previo pago del precio convenido. Después de negociaciones, dicha empresa, se podría llevar los cinco millones de kilos a un euro y medio menos de lo contratado y pagado en varias veces a los agricultores. Por otro lado si Cetarsa, que ya obligó a los tabaqueros a una reducción de un dieciséis por ciento de los quilos de la campaña anterior de tabaco, asume los cinco millones de quilos de la campaña de 2011 y otros cinco de la de 2012, se encontrara con un excedente en su kilos de tabaco que sumara a los que, a su vez ella, había contratado creándose un excedente de tabaco. Si no lo compra Cetarsa se quedaran sin nada unas seiscientas familias que ya invirtieron en la campaña de dos mil once y que la empresa Mella no quiere atenerse a lo pactado.


Ante este tema surgen inmediatamente una seria de preguntas: Creo que es en China donde un empresario gallego, echándole coraje al asunto, ha ido personalmente a decirle a los proveedores chinos que no podía pagarles por la situación de la crisis, un proveedor le ha puesto una denuncia, y el gobierno chino no le deja salir del país. ¿Quien es el responsable de esta empresa en España? Ante una indefensión de los agricultores frente a una empresa extranjera ¿Quién defiende los intereses del país, de estos agricultores? En esta Europa de los mercaderes ¿Quién vela para informar de la situación económica de una empresa extranjera que dice tener avales suficientes para realizar operaciones económicas de este calibre en cualquier lugar del país?


Seguramente no será tan fácil el problema y mil variables más estarán en la base del mismo para una correcta comprensión y una acertada solución. Da la sensación de que nos estamos acostumbrando a situaciones en las que la perdedora es siempre la parte más débil y no encontramos resortes para la protesta.


Aunque no sé muy bien que solución se dará a este problema vaya por aquí mi solidaridad con ellos. No deja de ser curioso el lugar en el que se han encerrado: la Casa de la Cultura, de Talayuela. Me viene a la mente aquella frese latina: primum vivere, deinde philosophare (primero vivir, después filosofar. Esta cumpliendo el destino para el que fuera creada la Casa de la Cultura.

martes, 31 de enero de 2012

LOS ALEDAÑOS DE SÍ MISMA...

Había sido un día muy complicado para ella. Nunca pensó que seria capaz de hacerlo y al final se había decidido. Ahora que todo había terminado necesitaba descansar. Se disponía a desvestirse y poder dormir, al llevar los brazos atrás del cuello se había roto el hilo y las cuentas del collar rodaban por el suelo como estaban rodando, también, sus propios pensamientos. Todas las infidelidades duelen, pensaba ahora, pero la primera mucho mas que las siguientes. Talayuela se sentía agotada aquella noche y solo deseaba descansar.


Esa misma mañana, después de mucho pensarlo, se había decidido a salir de sí y dar una vuelta por los aledaños de ella misma. No tenía muy claro por donde empezar su ronda y decidió que se acercaría al Pozo de la Fuente de Abajo. En estos días soleados de invierno pensó que se encontraría con el olor a hierba verde y, el hilo de agua que saldría de la Fuente recorrería cantaría por el regato de ella misma, le apetecía volver a sentirlo. Al salir de la plaza donde habita miró la sierra de Gredos y no encontró sus cumbres cubiertas de la nieve que ya era normal en este mes de febrero. Atravesó el barrio de las Casas Nuevas y sus ojos se posaron en el Centro Médico que se había construido en el “prao” de la Fundación. Una vez que su mirada había recorrido los muros de este edificio busco, con la fuerza de un amante, la Higuera Loca. Nada encontró de ella más que unos retoños que crecían sin ningún orden ni concierto. Mala cosa, pensó para si. Los recuerdos de un pueblo están ligados a lugares concretos que se han de cuidar para no perderlos para siempre: ni los lugares ni los recuerdos. ¿Quien puede vivir sin dejar tiempo a la ensoñación del recuerdo para cicatrizar las heridas que se han ido adosando a nuestro corazón?


Continúo andando por el camino, ahora ya asfaltado, que la llevaría al Pozo que buscaba. ¿Quién podrá contar las pisadas que transitaron este camino y los pensamientos que llevaban al andarlos? El negro alquitrán había cubierto el camino y el polvo que se levantaba, al andar y en los días de viento, para convertirlo en un camino sin “alma” igual ya a otros cien mil caminos de otro lugar cualquiera. Las pisadas no son solo pisadas son parte del caminante que ha dejado atrás con ellas esfuerzos e ilusiones. El negro alquitrán ya no habla de ellas ni tiene historias que contar ni que cantar cuando el viento silbe en el camino. Caminando por el asfalto uno se siente mas solo, es como si él fuera el primero que pisara aquella oscuridad alargada; en cambio, en el camino de tierra, comprendemos que forma parte de otros que le han pisado antes y vamos dejando nuestra huella en él.


Llegó al lugar del Pozo de la Fuente de Abajo y el frió de febrero pareció que le llegaba al tuétano de los huesos. Allí no había ya ni Pozo, ni Fuente, ni regato. Se encontró desvalida, sin aromas, sin sabores, sin canciones, sin miradas, sin silencios, sin sonidos, sin secretos, sin lugar donde sentarse para recordar. Era mejor respirar profundamente para no caer al suelo sin el apoyo de una parte importante de su vida que se habían llevado al destruir el pozo, la fuente y el regato. Todas las infidelidades duelen y allí se había consumado una con ella. ¿Adonde buscaría ahora el agua con saber a menta y a mastranzo? ¿Dónde iría cuando quisiera recordar validos de ovejas, terneros, recentales, ladridos de careas, mastines, conversaciones de pastores sesteando, de mozos y de mozas? Aquel lugar ya era la muerte sin el aroma de frescas plantas que, en otros tiempos, trasminaban el pozo, la fuente y el regato El fugaz instante de la vida se pierde para siempre si no queda pegado a un lugar que lo proteja.

martes, 17 de enero de 2012

A LAS VOLUNTARIAS DE CARITAS DE TALAYUELA

Cuando escribí el articulo “Feliz Año Nuevo, Talayuela” en el que elogiaba al Grupo Solidario por haber donado la recaudación a Caritas, un amigo anónimo, al que agradezco la lectura y el comentario que escribió en el blog, dejo su escrito poniendo de manifiesto que no se sabe lo que es Caritas y que no se conoce lo que hace por Talayuela.


Caritas es una organización de la Iglesia Católica que está presente hasta en los más recónditos lugares del mundo haciendo un trabajo humanitario. Por estar presente en todos los lugares se convierte en la organización a la que se acude muchas veces en problemas universales para hacer llegar la ayuda necesaria a problemas puntuales.

Caritas también trabaja en Talayuela: Tiene su sede en los salones de la parroquia y allí se reúnen semanalmente los voluntarios para analizar la situación de las personas y sus familias y ofrecer su colaboración a los problemas de los habitantes de Talayuela. Semanalmente se atiende con alimentos básicos entre veinticinco y treinta familias. Se ayuda a abonar los recibos de la luz, medicinas, y a la alimentación que necesitan algunos niños. Este trabajo lo realizan, fundamentalmente, mujeres voluntarias que lo tienen que conjugar con el trabajo fuera y dentro de casa. Creo que esto es hacer y rehacer Talayuela entre los más desfavorecidos ya que representan un sector que cada vez más, por los tiempos que corren, va a ir en aumento. Como pasa en otras poblaciones familias a las que no nos podemos ni imaginar están solicitando la ayuda de Caritas parroquial.


Imagino que a lo que mi “amigo anónimo” hacia referencia es a la leyenda infundada de que Caritas-Talayuela ayuda preferentemente a un sector de la población y, tal vez, a quien menos lo necesita. Pero eso es solo una leyenda de la que participan todas las instituciones que se dedican a lo público. Desde la barra de un bar, desde el acerado del paseo, o desde la mesa de casa, es la crítica más facilona que se puede hacer. El diálogo que establecen los voluntarios con las personas a las que se les ayuda queda, necesariamente guardado su secreto, en las paredes del despacho, y de ahí a afuera las apariencias siempre engañan. Ya decía El Principito que lo esencial es invisible a los ojos y que solo se ve bien con el corazón.


Vuelvo a alabar el gesto del Grupo Solidario de donar su recaudación a Caritas-Talayuela, pues con esa aportación Caritas distribuirá su ayuda a familias que lo están pasando muy mal: eso es apuntalar a Talayuela en los más desfavorecidos. Agradezco, como talayuelano que soy, a las voluntarias de Caritas que hacen ese trabajo sumándolo al trabajo de su casa y de fuera de su casa y, si no puedo colaborar de otra manera con ellas, vaya por delante mi admiración y respeto hacia ellas y lo que hacen por Talayuela.

martes, 3 de enero de 2012

FELIZ AÑO NUEVO, TALAYUELA

FELIZ AÑO NUEVO, TALAYUELA

Cuando entré en Talayuela ofrecía al viajero la pacifica serenidad de los días sin ruidos. Solo era comparable a las mañanas de Navidad y de Año Nuevo cuando aun no se ha recompuesto del bullicio y el ajetreo de la noche anterior. Como una mañana, después de una noche de mala digestión, Talayuela ofrecía el color cetrino de la piel en sus calles. El pueblo que, en otro tiempo, reventaba sus costuras incapaz de acoger a nadie más dentro de él, se encontraba ahora casi vació y sin ruidos. El vestido con que ahora se viste Talayuela le queda ancho, desmangado y sucio.

El cinturón con que se ciñe el vestido con que se viste le ha tenido que encoger unos cuantos agujeros más, le aprieta y hace daño al caminar. Ha duplicado por cinco el número de parados desde que comenzó la crisis y ha perdido cerca del medio centenar de habitantes desde la misma fecha. Los rotos del vestido quedan al descubierto el avance de deseos inconfesables ante la escasez de medios para sobrevivir con que se cuenta y el recurso fácil, a veces sin otra alternativa a que recurrir, comienzan a aflorar en las calles de Talayuela. Las rotas mangas del vestido no protegen las manos deseosas de lo ajeno y se están produciendo robos, no solo en las casas alejadas, también, en las del mismo núcleo de población. Colegio, empresas, casas particulares...ninguna vivienda se libra de esas manos sin mangas.

Talayuela se viene abajo con tanta rapidez como rueda la bola de nieve desde la cumbre de la montaña en la que orgullosa se había instalado. El cultivo del tabaco, que era nuestro oro verde, se enfrenta a la competencia de unos países cuyos costes de producción son menores que los nuestros y dejan en el surco cantidad de mano de obra que ya no necesita para nada. Las empresas afines a este cultivo, que florecieron en la época dorada, pierden tanto mercado como magrebíes hay al ponerse el sol paseando la carretera.

Las instituciones hacen lo que pueden ya que estamos todos entretejidos como las cerezas en la canasta y no solo es problema de Talayuela (eso ya lo sabemos) pero ella languidece como la Dama de las Camelias. El Grupo Solidario ha destinado la recaudación a cambiar el vestido de Talayuela por uno de Gala y donarlo a Caritas que remedie lo que pueda. Este Grupo tiene empeño en su trabajo que, por encima de formas de pensar, se unen en un esfuerzo común, manteniendo vivo el interés por hacer una Talayuela mejor. Quizás sea un buen ejemplo a seguir, el de unir el esfuerzo de todos por encima de otros intereses, para sacar a Talayuela adelante.

Feliz año, Talayuela, que se verdaderamente Nuevo para ti.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

PURA GARCÍA IGLESIAS...MUJERES PRENDIDAS EN EL AIRE DE TALAYUELA

Nadie está preparado nunca para vivir con los años a cuesta y la cabeza siendo asaltada por los recuerdos. Bien sé yo que todos somos personas únicas e irrepetibles pero, también sé, que tenemos que vivir una vida llena de riesgos para, en el mejor de los casos, terminar viviendo dependiendo de otros como cuando éramos niños. Afronté las dificultades que me trajo la vida y sobreviví a ellas sin echarme a temblar. He mirado cara a cara al miedo y me he enfrentado con él. La vida ha puesto a prueba mi valor y siempre logré vencer. Soy de esa generación de personas a las que nunca nos dio miedo ni el peligro ni echarnos en brazos de la felicidad que nos regalaba la vida. Recorrí mi propio camino y sé que nadie podría hacerlo por mí, ni llenarse de esta experiencia de ahora, de un ser limitado, aunque, a veces, lo deseen quienes viven a mi lado por el mucho cariño que me tienen. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol... y un camino virgen Dios. (León Felipe) Es mi corazón. Lo escucho palpitar. Noto que se salta un latido y que después va más despacio. A veces los pies se me quedan fríos y se que es la circulación que no camina bien por mi cuerpo. Hay veces que me cubro las piernas con una manta para darme el calor que ya no me da la propia sangre.

Cuando se tienen treinta años y eres una persona adulta, una cree que está a salvo de todo. Que se está a salvo de las mismas heridas del corazón; una cree que todos somos fuertes y eternos. Cuando solo se tienen treinta años nos quedamos sin aliento de soñar y trabajar por tantas esperanzas para nosotros y para los que nos rodean. Ahora me quedo como dormida muchas veces por mi cansado corazón y, entonces, vienen a visitar mi mente los recuerdos de mi larga vida. Son como viejos amigos con los que tomamos café sabiendo que podemos hablar libremente de todo lo que nos venga en gana sabiendo que son solo el pasado y, los recuerdos, se sientan en los lados de mi cabeza y comienzan a decirme: te llamas Purificación García Iglesias.

Naciste el veinte de mayo del año mil novecientos veintidós. No esperarías que te pusieran otro nombre naciendo en ese mes en que cada día se ofrecía una flor a la Virgen Pura. Una vez pasadas las lluvias invernales, con la llegada del buen tiempo, los campos comienzan a cubrirse de un verde intenso y el aire lleva el olor de las flores que en ellos crecen. En ese mes naciste y te pusieron de nombre Pura. Ahora comprendes que tu vida ha sido tan breve como la de una flor y has entregado con generosidad el perfume de tu dedicación a la familia que creaste. Fuiste Ama de Casa y si pudieras elegir una vez más, serías Ama de Casa, para dedicarle todo tu tiempo, otra vez, a tus hijos, a los hijos de tus hijos, y a tu marido.

Ahora más que nunca te acuerdas de tus padres y de cuando estabais juntos, siendo jóvenes, atrevidos, llenos de vida y protegidos por su atenta mirada. En ese tiempo te gustaba el Cerro del Cabezo por ser el lugar más lejano donde os dejaban ir solos y la Plaza de Talayuela por ser el más cercano donde ibais todos los jóvenes. Reconoce que te gustaría un pueblo más limpio y con más orden que el que existe ahora pero, aún con eso, no te hubiera gustado nacer en otro lugar que no fuera este, ni siquiera en ese pueblo de Navarra del que vienen tus familiares más lejanos.

Los recuerdos queremos hablar todos a la vez y nos pisamos unos a otros en nuestros deseos de hacerte recordar. Coges con la mano el crucifijo. ¡Cuantas veces le pediste ayuda y él te la concedió! y como agradecimiento lo llevas siempre colgado al cuello ¡él mantuvo tantas veces tu mirada serena! Sabes que continuas soñando mucho y más sueños cumplidos son con los que, aún, esperas que te recompense la vida.

Reconoce que se te olvidan muchas cosas pero nunca las que son realmente importantes para ti o para las personas que quieres ¡esas no se olvidan nunca! Tu memoria está llena de las caras de tus hijos y tus nietos que te hacen comprender que la vida camina siempre hacia delante y nunca retrocede a ningún ayer pasado. Sus imágenes son las primeras que te dan los buenos días en tu mente y ponen los últimos besos por las noches en tu frente.

Ahora caminas sobre el aire en tu silla de ruedas que te empuja hacia delante, pues los recuerdos venimos a tu mente como viejos amigos a ponerte una sonrisa, pero, bien sabes tú, que solo el amor es la fuerza de la vida. Solo el amor es la fuente de donde sacamos la fuerza para continuar viviendo en este mar, a veces en calma y a veces picado, que es la misma vida y nosotros, los recuerdos que asaltamos tu mente, sabemos de cuanto amor eres capaz de dar y recibir para continuar viviendo.

sábado, 10 de diciembre de 2011

VICTORINA GÓMEZ NUEVO. MUJERES PRENDIDAS EN EL AIRE DE TALAYUELA

Esta mañana, antes de salir a la calle, me mire en el espejo para atusarme y, este, devolvió a mis ojos una imagen que me costó trabajo reconocer. La cara de una mujer de de ochenta y cuatro años me hablaba desde el cristal y un deje de tristeza me invadió todo el cuerpo. La piel de la cara, las ojeras del duerme-vela en que se han convertido mis noches, las canas de mis cabellos, hicieron que me sorprendiera momentáneamente de la persona que se reflejaba en mi espejo. Yo creo que solo vive en el espejo pero no vive en mí. Me siento joven y, aunque me reconozco en la imagen que me devuelve el cristal, no es la misma imagen que me viene a la mente cuando me pienso y me recuerdo como la mujer que soy: Victorina Gómez Nuevo


Tantos años vividos han dejado su huella en mi cuerpo y ¿qué importancia tiene eso? me digo ahora, mientras camino por las calles de Talayuela apoyada en mi bastón. No cambiaría ni uno solo de los días que me ha regalado la vida por menos canas en mi cabeza y otras piernas sin tanta artrosis. Todo el tiempo que he vivido no solo me han traído arrugas a mis manos y achaques a mi cuerpo, me han traído, sobre todo, familiares y amigas a las que no cambiaría por tener el rostro de una joven quinceañera...¡Ese mal coche me puede pillar si no cruzo la carretera de prisa! He cumplido años y ¿qué mas dan los años cumplidos?...ahora se que me cuido más que antes que me mataba a trabajar a cualquiera de las horas del día. Nunca me importó comer lo que fuera y aunque lo hiciera a deshora, mi estómago no me dio dolores por ello, pero ahora más que nunca, hago lo que quiero, como a la hora que me apetece y duermo cuando tengo sueño que no suele coincidir con las horas de la noche. A quien le importa si me visto de una manera o de otra y, aún recuerdo, porque así me lo enseñaron, que a la procesión del Viernes Santo hay que ir de negro y, fuera de ese día, me pongo la ropa que quiero... ¡niño, bájate de la acera que me vas a tirar, que soy mayor que tú!


Mi madre Paula me dijo que nací el día nueve de junio del mil novecientos veintisiete. Total que tengo ochenta y cuatro años mal contados. Ahora que camino a la casa de mi sobrina Pauli me agarro con la mano la medalla que siempre llevo al cuello con la imagen de mis padres y mis hermanos. Ella, mi madre, me llevó nueve meses en su vientre y yo la llevo colgada ahora a mi cuello y es que, nunca dejamos de ser hijos, por muchos años que tengamos y yo, aún, la echo de menos a mi lado.


El medico me dijo el otro día que tengo “nemia”, que vigile el corazón y que no me canse, que lo tengo mal. ¡Cómo no voy a tener mal el corazón con todas las personas que se me han muerto! ¡El médico no se dará cuenta!...en esa calle vivía mi amiga Maximina, en esta otra de la derecha está la casa de Paula, en la de mas arriba la de Severa,.. y hermanos y sobrinos también se fueron de mi lado ¿Cómo no voy a tener mal el corazón? ¿Como no voy a llorar de vez en cuando si tengo rota el alma y, por eso, sé comprender mejor a los enfermos que visito y sé llorar con los que lloran. Esa compasión y este saber comprender al que sufre me lo han dado los años que he vivido aunque también me hayan traído artrosis a mis manos, pero no hay comparación entre una cosa y otra.


¡Ahora cuando baje pasare por el mercadillo por si veo algo que me guste, ya soy muy libre para comprarme lo que desee aunque no me lo ponga! Donde se pone el mercadillo era el Arenal y se corrían las Cintas y la carrera de Gallos en las Fiestas de Agosto. ¿Será porque me acuerdo tanto de esas Fiestas de la Virgen que me gusta ponerme mantones de Manila en los carnavales? ¿O será que los años vividos me traen más frescos a la memoria los recuerdos de mi infancia? Me da igual, sea lo que sea, estoy conforme con lo que soy ahora y eso me da tranquilidad y paz y, de lo demás, que se encargue Dios. Yo puedo disfrutar de mis ojos que aun pueden ver el otoño en los árboles del jardincillo, de los hijos de mis sobrinos y de los hijos de mis amigas para darles el beso y el abrazo que ellas ya no les puedan dar. ¿Tengo como hambre o será el olor a café que sale de esta casa?


¡Cómo ha cambiado este pueblo desde que era una niña! Es normal que yo haya cambiado también pero continuo gozando del placer de sentarme en la plaza de Talayuela, de tener ese Parque Natural y, también, me gusta ser como soy. Los años me han dado una tranquilidad que antes no tenía, tengo tiempo de sobra para todo lo que quiero, puedo alegrarme de haber vivido lo suficiente para contar mis años y tengo derecho a decir lo que pienso aunque no le guste a nadie lo que digo. Todos los que están pasando ahora a mi lado se harán mayores como yo ¡si es que llegan a tener los años que yo tengo!

sábado, 26 de noviembre de 2011

MUJERES EN EL CEMENTERIO DE TALAYUELA

Era el día de Todos los Santos y entré en Talayuela por la carretera de Navalmoral. La vista que ofrece Talayuela cerca del Pozo de la Fuente de Abajo se impone a todos los ojos que la miran coronada por el azul de la sierra de Gredos. Aquellos campos parecía que no envejecían, era como si el tiempo no hubiera pasado por ellos, ni siquiera la sierra tenía el color sepia que da a la fotografía el paso de los años. Bajé la ventanilla y entraron por ella los mimos olores de siempre: a campo, a lluvia, a hierba mojada...Estaba seguro que era una sensación pero me parecía que se respiraba mejor que en otros lugares.

Entraba en Talayuela y ella continuaba su ritmo propio de la vida que se vive independientemente de quien entre en ella. Nunca tuvo murallas ni puertas que impidieran el paso a los viajeros que hasta ella se acercaban. Barrio de las casas Nuevas, Barrios Altos, la Tahona, las Casas del Molino convertidas en pisos...Desde allí ya aparece la iglesia de San Martín que a mi me parecía, en aquel momento, de las más hermosa que he visto, aunque también sé que, aquello, era otra sensación.

Noviembre recién estrenado se asomaba a las esquinas de las calles con traje recién puesto y brindaba con su mes rebosante de días y de luz. Voces de niños, de marroquíes, de sonidos de campana muda de la torre, de gitanos: ¡Calle Cisneros, niña/ calle del aire! /Del Malagón lo traigo/ ¿quien lo comparte? / De sabor a menta llevo /y doy por un beso/ y una cestita llena /por un “te quiero”. Me parecía que esa calle se vestía con bata de cola y daba unos vueltas por Alegrías sobre sí misma, mientras los árboles de la plaza le tocaban las palmas con el roce de sus hojas: ¡Calle Cisneros, niña, calle del aire...!

Pasé por La Plaza Vieja, el parque, que un día lo fue y ahora ya no lo es, donde el aire y los árboles tiran besos a Talayuela en las hojas caducas que lleva el viento. La calle de las Madres, aquellos pozos grandes de agua, porque ella siempre es fuente de vida, que recorría un arroyuelo oculto, de una a otra, hasta los Pilones. La carretera de Jarandilla hacia arriba escoltada por árboles y acera donde Talayuela se pasea y se mira en los días de fiesta. Carretera de Santa Maria con vocación de avenida, a sus lados palmeras tan altas que recuerdan el Magreb, y el antiguo cementerio, ahora convertido en residencia de mayores.

Después llegue al cementerio que era donde había ido por ser la víspera de los Todos los Difuntos. Desde las calles salían riadas de gentes, muchas con flores en las manos, para entrar en el cementerio que, a su vez, ya se encontraba casi lleno. Por extraño que pudiera parecer, aquel lugar era el más bullicioso de todo el pueblo. Las mujeres terminaban de limpiar las lápidas de sus familiares y, también, sus conciencias: ¡y... todo en la vida, para terminar aquí!... se decían pesarosas unas a otras, al tiempo que terminaban de colocar las flores con sus manos ya rugosas. Cuando el frió del arreglo de las lápidas, las flores y de las oraciones por sus difuntos terminaba, se abría otro frente mucho más caluroso en las conversaciones convirtiéndose en confidentes las unas de las otras: ¿cómo te encuentras’ ¿Cuánto tiempo sin verte? Y la otra respondía con una retahíla de verdadera confesión de sus últimos años donde el dolor y la vejez ya habían hecho mella en su cuerpo. Las calles del cementerio hervían de tantos secretos a media voz como se entregaban entre sí las mujeres. Los suspiros que salían de sus pechos provocaban tal vendaval que movían las ramas de los pinos del cementerio y lloraban dejando caer las gotas de agua que la lluvia había puesto en ellas.

¿Donde se encontraban los vivos y donde estaban los muertos? Era difícil saberlo en aquel ayuntamiento de tumbas que parecían casas con puertas llenas de flores y personas hablando de los de dentro como si estuvieran fuera. Se daba rienda suelta a las lenguas y los rostros de las mujeres llevaban pegados a ellos las vidas de todos los difuntos que allí estaban. Ahora sabia la razón por qué aquellos campos parecía que no envejecían, todo el tiempo transcurrido se había pegado a los rostros de las personas que allí estábamos. Nosotros sí reflejábamos el paso de los años mientras los difuntos permanecían vivos con la última imagen que vimos de ellos.